Esta fue una de mis primeras veces en China.
Fue con mi padre.
Este mes de septiembre hará 22 años de aquella foto y, por aquel entonces, ninguno de los dos imaginaba todo lo que esos viajes acabarían suponiendo para Grupo Empresarial MYPA.
Viajábamos para entender el país, conocer su industria y construir relaciones de confianza a largo plazo.
Recuerdo pasar horas visitando fábricas, haciendo preguntas e intentando aprender cómo eran y cómo trabajaban.
Mi padre tenía muy claro que, si queríamos hacer las cosas bien, primero debíamos conocer de cerca a las personas con las que íbamos a colaborar.
Esa forma de entender los negocios se me quedó grabada.
Veintidós años después seguimos viajando a China con la misma filosofía.
Este año, de hecho, han venido a España los hijos de los propietarios del proveedor con el que llevamos cerca de 20 años trabajando.
Hoy son ellos mis contactos directos. Los he visto crecer.
De alguna manera, la relación que iniciaron nuestros padres continúa ahora en la siguiente generación.
Con el paso de los años, la tecnología, el país y nosotros mismos hemos cambiado mucho, pero hay algo que sigue intacto: las relaciones de confianza no se construyen únicamente por correo electrónico.
Se construyen estando allí, mirando a las personas a los ojos y cumpliendo la palabra dada.
Cuando vuelvo a ver esta fotografía no pienso solo en uno de nuestros primeros viajes a China. Pienso en el inicio de una forma de trabajar que todavía hoy sigue definiendo quiénes somos.
Al final, muchas decisiones empresariales se explican con cifras.
Pero las que realmente dejan huella suelen empezar con una persona, una conversación y alguien que te enseña el camino.
En mi caso, ese alguien fue mi padre.
