Trabajar con multinacionales tiene sus peculiaridades. Esta nos dejó perplejos.
Hace unos años comprábamos a un proveedor alemán una pieza que utilizábamos en producción para una multinacional. Era una pieza que nosotros mismos podíamos fabricar, así que hicimos números y le planteamos una alternativa al cliente: nosotros asumíamos la inversión del molde y, durante dos años, manteníamos el mismo precio. Después, les descontaríamos los 17 céntimos por pieza que costaba traerla desde Alemania.
Su respuesta fue que no. El motivo era curioso: el coste logístico lo pagaba otro departamento. Recuerdo responderle: «Ya, pero lo paga vuestra empresa.» Sí, pero no su departamento. Y ahí terminó la negociación. Seguimos comprando la pieza en Alemania.
Han pasado muchos años y todavía me acuerdo de aquella conversación. Aquello me hizo darme cuenta de algo que sucede a menudo cuando las empresas crecen. Al final, cada departamento tiene sus números, sus objetivos y sus responsabilidades, y es normal. Pero puede llegar un punto en el que cada uno esté tan centrado en que sus números salgan bien que deje de preguntarse si sus decisiones siguen teniendo sentido para el conjunto de la empresa.
En este caso parecía claro… como el ahorro beneficiaba a otro departamento no mereció la pena trabajar en ello. Al menos, esa fue la impresión que nos llevamos desde fuera. Evidentemente, puede haber decisiones internas o estratégicas cuyas implicaciones desconocemos. Pero para mí, este tipo de situaciones nos deberían recordar que a veces conviene levantar la vista de nuestra propia mesa y pensar en los beneficios que determinadas acciones pueden aportar a la compañía, aunque no nos beneficien directamente a nosotros o a nuestro departamento.
