Trabajar entre España y China tiene un coste. El personal y familiar es evidente, pero esto va del mundo laboral y empresas.
Y ahí, ese coste no es siempre económico.
Años atrás perdimos a una persona de confianza por ello. La distancia cambió la forma de relacionarnos en el día a día y con ella se fue perdiendo algo que no siempre se ve, pero que pesa: la cercanía.
Gestionar un grupo con fábricas en puntos tan alejados nos obligó, hace tiempo, a implantar reuniones telemáticas como algo habitual. Hoy, tras la pandemia, nos parece algo normal, pero entonces no lo era.
En ese cambio se perdió algo importante:
- El café de la mañana
- Las conversaciones informales
- Las pequeñas señales que no aparecen en una pantalla…
A esta persona, con el tiempo, esa falta de contacto le pasó factura. Y acabó marchándose y aquello me dejó una lección clara:
La internacionalización no va solo de procesos o eficiencia, sino que va de personas.
Liderar equipos a distancia exige un esfuerzo consciente por mantener el vínculo. Sin ir más lejos, esta foto es de hace un par de semanas, en Hong Kong, hablando a las once de la noche con el equipo de España sobre un proceso de selección.

Porque tener fabricación en China no significa delegar sin más. Significa estar presente, aunque sea a deshoras.
